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¡Bienvenidos a Bonsái Nebari Chile!

Hoy en día, el Jardín ha llegado a ser un precioso lugar donde se puede descubrir, iniciar y perfeccionar en el mundo de los Bonsáis. Están presente más de 20 especies diferentes de Bonsái, unos florales, otros frutales, etc…
También es el único lugar en Chile donde se puede encontrar macetas de muy buena calidad para Bonsái: esmaltada y arcilla, importadas; junto a las distintas herramientas que se necesitan para practicar el Arte japonés del Bonsái.

Cecilia Nuñez Olivares, maestra en este Arte, te recibirá con gusto para hacerte descubrir este mágico mundo en miniatura. Ella quiere transmitir su saber a través de su escuela Bonsái Nebari para amateur y/o profesionales.

Para más información sobre los cursos, pueden ir aquí

El jardín, además realiza trabajo de mantención de colecciones de Bonsái y todo tipo de trabajo a domicilio.

¡Les esperamos para descubrir el encantador mundo en miniatura de los Bonsáis!

El inicio de Bonsái Nebari Chile

Reiteradas veces me han preguntado como llegue al bonsái, bueno les cuento…

“En un día como hoy 16 de agosto de 1997 me dan la noticia que mi hijo Claudio está con un cáncer a la sangre (leucémia linfoblástica aguda), con muy pocas posibilidades de sobre vida. 

En ese momento decidí luchar con todo por mantenerlo un tiempo más en este mundo y no dejarle todo a Dios. Debía ser fuerte porque además tenía seis hijos más que apoyar y mantenerlos bien parados para que entre todos apoyáramos a Claudio, tenía claro que no podía morir con él.

Comenzamos un largo triste y duro camino estudiando su enfermedad, buscando medicina alternativa, y recurriendo a lo que fuera necesario para darle fuerzas y un poco de alegría.
Como decirle a un niño de 13 años que lo que está sufriendo pasará, y que estará bien, si me han dado tan pocas esperanzas?
Yo, como empecé a sufrir de insomnio. Mientras el dormía, velaba sus sueños, y por su ventana lo miraba e intentaba hacer un bonsái, obviamente de cualquier planta, hasta de maleza hacía arbolitos, y lo peor de todo es que los encontraba bonitos.

Una noche como a las cuatro de la mañana era tanta mi concentración en el árbol y mi hijo, que empecé a encontrar la relación : que un árbol o arbusto que ha soportado los embates del viento, lluvias torrenciales que erosionaron la tierra dejando sus raíces expuestas; árboles que crecieron entre rocas y cuyas raíces fueron adaptándose a sus irregularidades y sinuosas superficies en busca de la tierra y del agua que necesitaban para sobrevivir. Y mi hijo no estaba haciendo nada por vivir, estaba paralizado, sentía tanto miedo a la muerte que no estaba luchando… fue cuando le dije que la cruz era de él no la mía, que yo lo único que podía hacer era acompañarlo y ayudarle a llevar su cruz.

Comprendí que era él quien debía luchar por su vida como lo hacían los árboles, comencé a estudiar metafísica y por las noches mientras dormía le hablaba a su subconsiente y le transmitía las enseñanzas de la naturaleza.

También aprendí que los hijos no son nuestros, solo nacen a través de nosotras. Ellos traen su propia semilla que en un minuto de la vida germinará y serán solo lo que tengan que ser. Nosotros, como los árboles los alambraremos, guiaremos, solo sembraremos día a día en sus corazones, para que algún día sean grandes personas o bien un hermoso árbol. Tanto a los hijos como a los árboles dejémoslos ser, démosle su tiempo para madurar no los forcemos a ser lo que a nosotros nos gustaría que fuesen, sólo amémoslos como son, respetándolos y educándolos con todo nuestro amor.

A medida que el bonsái evoluciona se establece una interrelación entre el árbol y la persona que lo educa.

Cuándo hayan pasado los años el árbol será un hermoso ejemplar en tanto el hombre habrá enriquecido su espíritu pues la infinita paciencia y el amor necesarios para cultivar un bonsái lo habrán convertido en un ser tolerante, que buscará integrarse a la naturaleza tomando conciencia de su pequeñez y ubicación en el contexto del universo.

Cultivar un bonsái, criar un hijo es una vía un camino. Al recorrerlo aprenderemos a disfrutar de las pequeñas cosas que nos rodean. Es sobre todo una experiencia personal que nos aporta armonía, humildad, generosidad, esperanza y paz interior. Llegó el minuto de decidir qué calidad de vida quería para Claudito, lo conversé con él y tomó la decisión de comunicarse con Dios y abandonarse en sus brazos, dejó todo tratamiento en contra de todos, no dude en apoyarlo, volvió al mundo con muchas ganas de vivir en contra de todo lo que significaba esto, en ese minuto me convertí en una fiera para defenderlo de todo el que se opusiera a su decisión.

Hoy ya es un hombre, es psicólogo, tiene su consulta, me ha dado lecciones de vida, valentía, esfuerzo y fe, se ha convertido en un roble fuerte, hermoso erguido hacia el cielo, hace el triángulo perfecto, hombre Dios y la tierra, está en perfecta armonía con la naturaleza. Yo, por mi parte sigo envejeciendo junto a mi ciruelo, el lleva los años marcados en su corteza, y yo las penas marcadas en la piel.

Un beso, a todos los bonsaikas del mundo.”

Cecilia